El mundo al revés

Cosas que me motivan

 

...y llegó la Navidad

jueves 08 noviembre 2012

Los turrones ya están en los supermercados, los adornos en las tiendas, y los anuncios son ya un bombardeo continuo en los canales infantiles, los catálogos de juguetes se agotan. Es el pistoletazo de salida. Llega la Navidad.

 

Cada año me da más pereza. La lista de los Reyes, la comida de Nochebuena, y las compras…  odio las compras, pero siempre termino entrando en la vorágine.

Las compras navideñas llegan a tener un punto de paranoia que siempre me ha llamado la atención. Mira que no habrá cosas por las que preocuparse…

Y todo se lo debemos a un visionario llamado Jon Wanamaker. Fue el artífice de los primeros grandes almacenes del mundo, situados en Filadelfia, a mediados del siglo XIX;  y convirtió las fiestas religiosas en fiestas comerciales. Navidad, Pascua, San Valentín, Halloween, … vio que eran buenos momentos para la venta, y como entre Semana Santa y el verano se quedaba la cosa escasa ideó… ¡el día de la Madre! .

Si alguna vez, inmersos en una aglomeración consumista un veintitantos de diciembre os habéis preguntado a quién se le ocurriría esta locura, ya sabéis. Fue cosa de Wanamaker.

A principios del siglo XX el comercio de grandes superficies ya florecía en muchos lugares: “Le bon marché” en París, “Selfridge” en Londres, “Myers” en Australia, “Macys” en Nueva York… La cuestión era cambiar el concepto. Comprar por placer, en vez de comprar por necesidad. La mercancía ya se podía tocar, incorporaba el precio, se exponía de forma atractiva; todo para incitar a la compra indiscriminada.

Cada uno de ellos fue incorporando innovaciones. Los cosméticos estaban relegados a un cajón de las trastiendas, para las clientas de los suburbios, con bastante mala reputación. Cuando Selfridge abrió sus puertas en Londres el inmenso expositor de cosmética y perfumes estaba frente a la gran entrada. Acababa de nacer un artículo de primera necesidad. Nada más subir las escaleras, toda una planta de juguetes. Nacía un nuevo público.

Wanamaker fue el primero en utilizar la publicidad en prensa para sus productos, en crear plantas de exposición en las tiendas, en poner ascensores y escaleras mecánicas. De su ingenio surgieron las listas de bodas, las temporadas de venta, las rebajas, la devolución del dinero si no estabas satisfecho, la compra telefónica, …

Para “ser alguien” era necesario tener un piano en el salón. Wanamaker observó que la gente podía incluso gastar más de lo que tenía para conseguirlo. Inventó los pagos “a plazos”. En 20 años se convirtió en el mayor vendedor de pianos del mundo.

No puedo negar que admiro a este empresario. Unos pocos hombres cambiaron el mundo en pocos años. Las clases sociales se mezclaron, las mujeres empezaron a trabajar… Pero la Navidad, la Navidad debían haberla dejado como estaba.

Hace apenas dos semanas mi hija participó en la campaña del Domund. En el colegio les explicaron cómo viven muchos niños pobres con apenas lo necesario. Yo reforcé la explicación aludiendo a la cantidad de cosas que tenemos y lo agradecidos que debíamos estar.

Ese día la niña salió con una amiga a pedir donativos con la hucha del Domund. Se sorprendía de que mucha gente, a sus ojos “rica”, no les diese ni una moneda para los niños pobres; pero más se sorprendió cuando un indigente las llamó para sacar unas monedas de su bote y meterlas en la hucha de las niñas. Una lección de Navidad fuera de tiempo.

De vuelta en el coche, me cogió por sorpresa:  

-          Mamá ¿qué les pasa a los Reyes Magos con los niños pobres?

Me quedé sin palabras. Cambié de tema como pude. Aparqué indignada despotricando en silencio contra el engaño de los Reyes Magos, Wanamaker y toda su parentela.

No me gusta la Navidad. La nuestra. La que está llena de mentiras para que los niños sean felices, la que consiste en comprar compulsivamente porque así nos sentimos mejores personas, la de volcar nuestras frustraciones en los objetos que poseemos…  La verdadera Navidad es la suya, la de la inocencia y la bondad, y esa, nosotros la hemos perdido.

…. Mientras tanto yo sigo en mi desesperación por encontrar una Monster High Robecca Steam, que ¡dios mío…, ya está agotada!. Tengo que ver en ebay o en Amazon. ¿Me llegará para Reyes? Y los pinypon esos de frutas. No será difícil de encontrar. Voy a ir mirando por si acaso.

…Y aún estamos en noviembre

 






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