El mundo al revés

Cosas que me motivan

 

Crónica de un dolor de cabeza

viernes 19 octubre 2012

El dolor salto un día cualquiera de una noche cualquiera de verano, durante el sueño, sorprendiendo y atemorizando, en forma e intensidad, pero sin dejar de ser eso, un simple dolor de cabeza ¿o no?. Jamás pensé en todas las tribulaciones que desencadenaría un hecho tan simple.

A la misma hora se comenzó a presentar todos los días el patético invitado, mientras las dudas y la angustia iban ocupando espacio en mi cuerpo en la misma proporción en que aparecían por la casa multitud de sobres de ibuprofeno desgarrados con prisa.

Hubo que ir al médico. Y digo hubo porque lo del dolor de cabeza parece de no ir. A todo el mundo le duele la cabeza de vez en cuando ¿o no?

Y empezamos. Médico de cabecera. Neurólogo de urgencia. Oftalmólogo. Traumatólogo. Otro neurólogo. Un Tac. Tres analíticas. Una resonancia. Y el fisio. El fisio lo mejor, lo único que mantengo a gusto y con la seguridad de que me hace bien.

Al final diagnóstico y pastillas. Claro. De eso se trata ¿No? Una cefalea racimo o cluster o histamínica…. ¿para qué le ponen tantos nombres a lo mismo, no llegaba uno? El neurólogo que es muy majo dice que el nombre da igual. Tiene razón. No me va a doler más ni menos por el nombre, y además, da igual porque curiosamente todos los dolores de cabeza se tratan de la misma forma. Se prueban fármacos hasta que uno te funciona y cuando ese te deja de funcionar volvemos a empezar. Es halagüeño, si. Si al final es mejor no ir, que ir pa na…..

La neurociencia defiende que el cerebro es maleable mediante las ideas. Sería posible eliminar el dolor de cabeza con el pensamiento? Me gusta la idea

La cuestión es que allá me fui con mi receta a estrenar mi tarjeta electrónica. “No leas el prospecto. Tiene efectos secundarios. Tú éstate tranquila que el cuerpo se va acostumbrando aunque notes cosas raras no te asustes. Vas aumentando la dosis despacio hasta llegar a 4 pastillas. Es la dosis mínima”. Todo tiene efectos secundarios. No me asusto. Tranquilo.

… Después de dos semanas ya no estaba asustada. Estaba aterrada. Temblaba. Balbuceaba. No me aguantaba de pie. El cerebro se me desconectaba. Y lo peor: Perdía el control. El control de mi cabeza, de mi mundo, de mi estado de ánimo, de mis pensamientos.

Volví al neurólogo.

-          -   No me atrevo a subir la dosis a 3 pastillas. Esto me hace mucho efecto. El dolor ya no me despierta por las noches (quítamelas yaaaaa, pensaba yo).

-         -    Bueno, pues lo dejamos a mitad de dosis. Todo es normal. 4 meses más (¿ein?????)

Como un zombi aguanté un par de semanas más, ya me daba todo igual, que fuese de día o de noche, comer o no comer, llorar o reír, a veces razonaba a veces no podía. Reconozco que el mejor alivio para el sufrimiento anímico son los amigos. No saben, sin quererlo el bien que me hicieron. La playa, los cafés, las risas con los niños... Aunque muchas veces allí no estaba yo, ni siquiera seguía la mitad de las conversaciones…

Me senté otra vez frente al neurólogo. Su gesto de compresión ¿será estudiado?

-          -    Los efectos físicos van mejor, ahora son los psicológicos, es muy complicado de explicar….

-   Me escuchó, me tranquilizó y salí pensando que me había vuelto una histérica. Allí había gente realmente enferma. ¿Con qué derecho estaba yo allí atreviéndome siquiera a poner cara de sufrimiento?. Todo es normal. Al menos 2 meses más.

Arturo Goicoechea, un neurólogo vasco, defiende que el dolor de cabeza tiene más base de miedo que de estrés. Creo que le creo. Yo ya no tenía tanto dolor de cabeza, ahora sólo me pululaba a ratos por el día, pero miedo y estrés … esa es otra cuestión.

Cómo empatizo ahora con las enfermedades neuronales. Qué horrible debe ser ver que pierdes la cabeza y ser consciente de ello. No lo comparo en absoluto, por supuesto. Pero la sensación, ese asomarme al vacío, a punto de saltar, lo he sentido. Fue justo cuando comencé a tener alucinaciones.

Primero vinieron los gritos, el ataque de pánico, luego los temblores, el ataque de ansiedad y ahí sí, ahí llegó el pleno convencimiento de que había perdido la razón. Algo dentro de mí había estado avisando. Tenía que llegar. Finalmente llego el llanto, convulsivo e histérico, al principio, resignado y relajante después.

Duró muchos días el miedo. Muchos. Y al final me cansé. Me cansé de tener miedo. Me cansé de no poder pensar. Me cansé de estar cansada. Me cansé de los médicos y de las pastillas. Me cansé de mi propia cabeza y hasta me cansé de mi misma. Me cansé de ver mi miedo en mi marido, se le sumaban los suyos propios…

Me cansé tanto que sé que voy a estar agotada mucho tiempo. Pero dije basta.

Hoy he ido con mi marido al neurólogo con cita programada hace dos meses, no por ataque de pánico.

-          -   ¿Todo bien?

-          -    Todo bien

-          -   Seguimos un mes con las pastillas y otro para dejarlas

-          -   Muy bien

Cuando me iba le comento sin darle importancia:

-          -   A veces…….. veo cosas. El neurólogo pregunta. Le explico.

-          -   Hay que retirar las pastillas ya. Tendrás mono y hay proceso de desintoxicación de un mes.

Ni me inmuto. Noto cómo se tensa mi marido. Él es el que entiende de química. Pregunta no sé que de la anhidrasa carbónica.

Yo desconecto. Me da igual. Ya no me asusta. Ya no tengo miedo.

Cristina 19/10/2012

 






Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado

Calendario

« octubre 2012 »
lunmarmiéjueviesábdom
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
20
21
22
23
25
26
27
28
29
30
31
    
       
hoy